GLOBALIUMEXTRANJERÍA
QUIÉNES SOMOS · GLOBALIUM EXTRANJERÍA · FUENGIROLA

No somos un «equipo joven y dinámico». Somos los que te cogen el teléfono.

Si has buscado un abogado de extranjería en la Costa del Sol, ya conoces el guion: todos son «especialistas comprometidos con un trato cercano y soluciones eficaces». Lo dicen todos, palabra por palabra. Nosotros preferimos demostrarlo: hablamos claro, te decimos la verdad de tu caso aunque no te guste, y respondemos cuando llamas. Radical, ya sabemos.

Aviso: aquí no te hablaremos en difícil para parecer más listos.

Nuestro manifiesto (sin corbata)

Estamos hartos de la extranjería que trata a la gente como un número de expediente.

De los despachos que te sueltan un «ya le llamaremos» y desaparecen. De los presupuestos con letra pequeña que crece. De los abogados que usan diez palabras raras donde cabía una clara, para que parezca que esto es magia y no trabajo. De cobrar por intentar imposibles sin avisar de que eran imposibles.

Así que montamos lo contrario. Un despacho que habla como tú, te dice la verdad a la cara y pelea tu caso como si fuera el suyo.

Por qué existimos

Porque el momento en que decides tu vida en otro país no merece un trato de ventanilla.

Detrás de cada expediente hay una persona que ha cruzado medio mundo, una familia que quiere reunirse, un sueño que cabe en una carpeta de documentos. Tratar eso con frialdad burocrática nos parece, sencillamente, mal hecho. Somos un despacho de extranjería en Fuengirola, en plena Costa del Sol, especializado en acompañar a la comunidad latinoamericana y a los residentes internacionales en todo el camino: residencia, arraigo, nacionalidad, reagrupación, visados, recursos. Y lo hacemos contigo, no por encima de ti.

Nuestra ventaja competitiva más rara y más difícil de copiar: explicamos las cosas en cristiano y cogemos el teléfono.

Una historia (que no va de papeles)

El restaurante con carta de 200 platos y el que solo hacía cinco

En una misma calle abrieron dos restaurantes. El primero sacó una carta enorme, plastificada, con doscientos platos de quince cocinas distintas: sushi, paella, tacos, pizza, curry, todo a la vez. Para parecer más, ponían los nombres en cursiva y en tres idiomas. El segundo, al lado, colgó una pizarra con cinco platos escritos a tiza. Solo cinco. La gente, al principio, entraba al de la carta gigante: «mira, aquí hay de todo». Pero salían diciendo que el sushi sabía a paella y la pizza a curry. En el de los cinco platos, en cambio, cada cosa estaba bordada, el cocinero salía a saludar y te explicaba qué llevaba el plato sin que se lo preguntaras.

¿Adivinas cuál llenaba las mesas a los seis meses? El de la pizarra. Resultó que la gente no quería «de todo hecho regular»: quería pocas cosas hechas de maravilla y alguien que te mirara a los ojos al servirlas. El de los doscientos platos cerró, ahogado en una carta que nadie podía dominar. El de los cinco abrió un segundo local.

No ganó el que prometía más. Ganó el que dominaba lo suyo y trataba bien a quien entraba por la puerta.

Nosotros somos el restaurante de la pizarra: hacemos extranjería, y la hacemos bien, en lugar de prometerte «todas las áreas del derecho» en una carta plastificada. Preferimos saber mucho de lo tuyo y salir a explicártelo a la mesa.

EN QUÉ CREEMOS

Cuatro manías que nos hacen distintos

No son «valores corporativos» de folleto. Son cosas que de verdad hacemos cada día (y que, por lo visto, son más raras de lo que deberían).

Hablamos claro

Te explicamos tu caso en palabras que se entienden. Si usamos un término legal, te lo traducimos. Nada de humo para parecer listos.

Decimos la verdad

Si tu caso es viable, te lo decimos y peleamos. Si no lo es, también te lo decimos, en vez de cobrarte por intentar lo imposible.

Contestamos

El teléfono se coge, los correos se responden y sabes en qué punto está tu expediente. Parece básico. No siempre lo es.

Te entendemos

Conocemos de cerca a la comunidad latina y a los residentes internacionales de la Costa del Sol, porque es con quien trabajamos cada día.

Lo de siempre vs. lo nuestro

El despacho de siempre

  • "Equipo multidisciplinar de profesionales comprometidos"
  • Te habla en difícil para que parezca complicado
  • Presupuesto con sorpresas a mitad de camino
  • "Ya le llamaremos" (y no te llaman)
  • Acepta tu caso aunque sea inviable
  • Hace de todo: tráfico, herencias, divorcios… y algo de extranjería

Globalium Extranjería

  • Personas con nombre que pelean tu caso
  • Te habla claro aunque quede menos misterioso
  • Plazos y honorarios por delante, sin letra pequeña
  • Cogemos el teléfono (de verdad)
  • Te decimos si no es viable antes de cobrarte
  • Solo extranjería, pero de arriba abajo

100%

extranjería: es lo único que hacemos

Costa del Sol

nuestra casa: Fuengirola y alrededores

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palabras raras sin traducir

Adrián Merchán Oterino, abogado de extranjería en Globalium

Abogado responsable

Adrián Merchán Oterino

Colegiado nº 11418 · ICA Málaga

Adrián dirige el despacho y responde de cada expediente que entra por la puerta. Es quien te cogerá el teléfono cuando llames y quien te dirá, a la cara, si tu caso tiene salida o no. Lleva la extranjería como única especialidad: nada de «tocamos todas las áreas del derecho». Aquí solo se hace esto, y se hace bien.

Su norma es simple: hablar claro, decir la verdad y pelear tu caso como si fuera el suyo. Si en algún momento crees que no la cumple, su número está más arriba.

ENCANTADOS DE CONOCERTE

Si has llegado hasta aquí, ya nos caes bien.

Ven a contarnos tu caso. Te escuchamos, te decimos la verdad y, si podemos ayudarte, nos ponemos manos a la obra. Y si no, también te lo diremos. En cristiano.

PD: hemos llegado hasta el final de esta página sin escribir ni una vez «equipo joven, dinámico y comprometido con la excelencia». Sabemos que es nuestra forma de presumir más estridente, pero alguien tenía que romper la baraja. Si buscabas un despacho que te hablara como un boletín oficial y desapareciera tras cobrar la provisión, lo sentimos muchísimo: te has equivocado de web. Si buscabas justo lo contrario, bienvenido a casa —el café lo ponemos nosotros y, aviso, lo servimos con la verdad por delante—.